Los cerdos no sudan

febrero 10, 2014 12:13 am Deja tus comentarios
PRIMER ACTO.

Cabaña de alquiler a la orilla del mar. Primer término, derecha, pequeño mueble de cantina. Segundo término, puerta de salida practicable. Primer término, al centro, muebles de sala con mesa de centro. Al foro, escalera para subir a las recámaras, que son dos, ambas con puerta practicable. Primero y segundo términos, izquierda, ventana y puerta practicables al mar. Al foro, de lado izquierdo de la escalera, puerta practicable de la cocina y de lado derecho puerta del baño. Frente a la puerta de la cocina, pequeño ante comedor redondo. Los muebles deben ser cómodos y frescos, contemporáneos e impersonales.
Al levantarse el telón, en escena, ALICIA y TEODORO. Ella es una mujer alta, corpulenta, rubia y sensual como atleta nórdica. Tiene 30 años. Viste un traje de algodón ligero, sin mangas. Está acostada, con la cabeza apoyada en el brazo del sillón y las piernas al aire. Juguetea aburrida con un abanico y después, a ratos, se abanica con desgana. TEODORO es un hombre de 35 años, elegante y apuesto, vestido informalmente. Está sentado en el sillón y finge leer un periódico.

ALICIA: ¡Qué calor hace!
TEODORO: (Distraído) Si.
ALICIA: (Después de una pausa bien marcada) ¡Tengo un calor!
TEODORO: Aha……
ALICIA: (Después de otra pausa bien marcada, molesta, con ganas de pleito) ¡Este calor…! (Teodoro levanta la vista del periódico y la mira con cautela) Estoy sudando como una cerda.
TEODORO: Los cerdos no sudan. Por eso necesitan revolcarse en el lodo.
ALICIA: (Lo mira largamente. Estalla en una carcajada. Se pone mimosa) Pero yo no quiero eso, Teodoro.
TEODORO: ¿Qué? ¿Revolcarte en el lodo?
ALICIA: (Seria. Con intención) Eso.
TEODORO: (Aventando el periódico) ¡Otra vez la burra al trigo! ¿No lo discutimos ya? ¿No acordamos como personas adultas…?
ALICIA: Tú.
TEODORO: Inteligentes…
ALICIA: Tú!
TEODORO: Y liberadas…
ALICIA: ¡Tú!
TEODORO: (Con un suspiro) ¿Yo qué?
ALICIA: Tú lo decidiste. Y es amargo.
TEODORO: ¿Qué es amargo?
ALICIA: (Juguetona) El vinagre.
TEODORO: (Enfadado) ¡Alicia!
ALICIA: ¡Ay, tú! Era una broma. Ni aguantas nada. Pero de todos modos, creo que está mal que hayas tomado una decisión así. Es una confesión de… fracaso.
TEODORO: ¿Fracaso? ¿Por qué? Hay miles de parejas que lo hacen.
ALICIA: Fracasadas.
TEODORO: Liberadas. Además, el compromiso está hecho.
ALICIA: Trato hecho, jamás deshecho.
TEODORO: ¿Qué?
ALICIA: Nada. Es algo que solía decir de niña. ¿Quieres un jaibolito?
TEODORO: Oquei. Hace calor.
ALICIA: (Llamando fuerte) ¡Hipólita!
TEODORO: ¡No llames! Mejor los preparo yo. Capaz y esa nativa no sabe hacerlos.
ALICIA: (En voz baja) No hables así.
HIPÓLITA: (Entrando desde la cocina. Es joven, morena y guapa) ¿Llamó, señora?
ALICIA: Ya no, Hipólita, gracias. (Sale Hipólita)
TEODORO: ¿Por qué no habría de hablar así? Qué casualidad que forma parte del alquiler. Se me hace que la tienen aquí de espía, por si nos robamos algo.
ALICIA: (Recapacitando) Oye, de veras, ¿por cuánto tiempo alquilaste esto?
TEODORO: Un mes nada más.
ALICIA: ¿Nada más? ¿Pues cuánto querías? A ver si no resulta que la famosa Carolina es inaguantable y el dichoso Roberto un esperpento.
TEODORO: Ya te dije que no. Cuando cené con ellos me parecieron una pareja muy decente y…
ALICIA: Si fueran decentes no se prestarían para esta tarugada.
TEODORO: (Le tiende su vaso. Se arma de paciencia) Alicia… Te voy a pedir un favor.
ALICIA: (Muy seria) Dígame.
TEODORO: No adoptes esa actitud… Total, mira, si él no te gusta, me haces una seña… (Lo piensa) ¡Ya sé! Después de saludarlo, si no te gusta, te sientas en un sillón y así yo sabré a qué atenerme. Le damos largas al asunto, dejamos pasar el tiempo y terminamos esto como una simples vacaciones inocentes.

CUARTO ACTO.

Inmediatamente después. Al levantarse el telón, todos permanecen en la misma postura en que estaban al terminar el tercer acto. Mr. Ludlow, palidísimo, mira su camisa, en la cual aparece una creciente mancha de sangre, a la altura de los intestinos.

HIPÓLITA: (Consternada) Mister… Mister… ¡Está usted herido!
(Todos tratan de acercarse a ayudarlo entre exclamaciones de pesar ad lib. “permítame”, “disculpe usted”, “debemos…”, pero mister Ludlow no lo permite. Se lleva una mano a la herida y con la otra apunta nuevamente a los demás)
MR. LUDLOW: ¡Get back! ¡Get back! ¡Don’t touch me!
(Todos retroceden mientras mister Ludlow avanza paso a paso, enarbolando el arma y haciéndoles señas de que se reúnan frente a la cantina)
MR. LUDLOW: ¡Dam it! Why… you…? Get back, over there.
TEODORO: (Pronunciando espantosamente) Plis, mister, let mi jelp yu, ay am…
MR. LUDLOW: ¡I don’t care who the hell you are! Leave me alone… I need some air…
(Mr. Ludlow se limpia el sudor de la frente con el dorso de la mano, se desabrocha un par de botones de la camisa y se deja caer en el sillón, sin dejar de apuntar el arma)
HIPÓLITA: Por favor, mister… permítame…
MR. LUDLOW: ¡Shut up! Let me think… (Se mira la mano ensangrentada) Is there a phone here?
HIPÓLITA: (Distraída y llorosa) ¿Qué?
ROBERTO: Quiere un teléfono.
HIPÓLITA: (A mister Ludlow) Ya sabe que aquí no hay, señor. Está el de la casa. Si quiere usted…
MR. LUDLOW: ¡No! I don’t want any of you to leave this place.
(Hay una pausa, durante la cual se escucha la respiración trabajosa de mister Ludlow y se le ve sudar copiosamente. Mientras)
CAROLINA: (En voz baja, a Hipólita) ¿No habla español?
HIPÓLITA: (El mismo juego) Mejor que yo. Pero desde la invasión… como que… se le está olvidando…
TEODORO: (En voz alta, a mister Ludlow) Señor, permítame. Yo soy médico y puedo…
MR. LUDLOW: ¡I told you! ¡I don’t care what the hell you are! You’ll put your hands on me over my dead body. (Con odio y desprecio) ¡Grease!
TEODORO: (Rencoroso) So be it. (Se cruza de brazos)
ALICIA: (En voz baja) ¿Qué dijeron?
HIPÓLITA: (El mismo juego) Mister Ludlow dijo que primero se muere, antes de permitir que don Teodoro le ponga la mano encima.
ROBERTO: (El mismo juego) Y después lo ofendió.
TEODORO: Nos ofendió. Esa expresión la usan todos los imperialistas que desprecian a los nativos. A todos los nativos.
CAROLINA: (El mismo juego) ¿Pero qué…?
MR. LUDLOW: ¡Keep quiet! I need to think, can’t you see that? I’m bleeding to death and you, bunch of…

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